Terapia génica ¿y esto de qué va?

Si vivís en el mismo planeta que yo, posiblemente hayáis oído una noticia muy buena recientemente. Dice así:


(Sí, esto es un tuit mío pero es que cuando leí la noticia me emocioné demasiado).

La cosa es que mucha gente ha celebrado la noticia (como para no, ¿sabes?) pero sin entender muy bien en qué se basaba la técnica. Así que he decidido escribir esta entrada para que todo el mundo pueda entender de qué va esto. Empecemos.

Unos linfocitos, protas de hoy.




Un poco de biología de bachillerato

Prometo que seré breve. 

Como sabéis, las células tienen en su interior ADN, que contiene la información genética. Esto quiere decir que el ADN es el que hace que la célula sea la que es y que tú seas el que eres (en gran parte, no me vengáis ahora los quisquillosos con los caracteres adquiridas que también existen pero no va de eso la cosa).

Los genes, en su mayoría (hay algunas pequeñísimas excepciones en las que no entraremos), contienen información para formar proteínas. El ADN se lee con cuatro letras: A, C, T y G. Tríos determinados de estas letras se corresponden con aminoácidos concretos mediante el llamado código genético, como podéis ver en la foto. (NOTA: Esto está mucho mejor explicado en la entrada sobre mutaciones que os acabo de enlazar).

Aquí la U equivale a la T. Solo es un pequeño cambio bioquímico.

Por último, grupos de aminoácidos componen las proteínas y determinan cómo será. Cada proteína tiene una secuencia distinta de aminoácidos y como son diferentes entre ellos, esto hará que adquieran diferentes formas y así, diferentes funciones.

Si hay una mutación, es decir, una letra o grupo de letras no están donde deberían, la proteína saldrá mal. Puede tener aminoácidos de más, de menos o cambiados o puede que ni siquiera llegue a formarse (las consecuencias son diversas y también hay mutaciones beneficiosas para nosotros, aunque son las menos). Total, que si la proteína no funciona bien o no está, eso nos afectará de alguna forma u otra. Podrá afectarnos más o menos dependiendo de lo crucial que sea la proteína o de cómo de grave sea el defecto, pero el caso es que afectará.

Hoy en día existen muchísimas enfermedades genéticas, causadas por algún tipo de fallo en el ADN. La mala noticia es que muchas son muy graves y no tienen tratamiento. Sin embargo, la buena noticia es que hemos avanzado lo suficiente como para tener métodos prometedores para curarlas. Y además, de paso se podrían curar otras que a priori no tienen nada que ver.


La terapia génica

La terapia génica consiste en introducir material genético que antes no estaba ahí en el genoma de un individuo. Un ejemplo muy evidente (y ficticio todavía) sería introducir en las células intestinales de un intolerante a la lactosa el gen que codifica para la proteína lactasa. Así, producirían la proteína que les permitiría digerir la lactosa y ya no serían intolerantes.

Lo que se hace en general es meter una copia de un gen que falta dentro del genoma, ya que de esta forma tenemos una proteína sana en lugar de una defectuosa. Esto no es fácil: primero hay que pasar la membrana celular, acceder al núcleo y conseguir que la copia del gen que metemos no se degrade.

Aunque la parte de llegar al núcleo se conoce bastante bien, lo de introducir el gen no se puede hacer de cualquier manera. Actualmente los vectores que se utilizan suelen ser virus, que tienen la capacidad de insertar su material genético dentro del de la célula que infectan. Por supuesto, no son virus tal cual los encontramos en la naturaleza, sino que han sido modificados para que sean inocuos y no hagan nada más que lo que nosotros queramos. Es decir, son herramientas de ingeniería genética.



La terapia génica se puede hacer sobre células somáticas, que son las células normales y corrientes, por ejemplo las de la piel, o sobre células germinales que son las que darán lugar a los espermatozoides u óvulos, es decir, las que se transmitirán a los hijos. Como es lógico, las únicas modificaciones que pasarán de generación en generación son estas últimas (no hay forma de pasarle una célula de tu piel a un hijo) y por eso mismo, aunque se podría hacer, no se lleva a cabo (por razones éticas).

Además, se puede hacer de dos formas: in vivo y ex vivo. Cuando es in vivo, al paciente se le administran los virus y la introducción del gen ocurre dentro de su cuerpo. Los virus infectan las células que tienen que infectar y se produce el cambio directamente. Sin embargo, la técnica ex vivo se hace sacando del paciente las células que se vayan a tratar, introduciendo el gen en el laboratorio y volviéndoselas a meter al paciente. Esta técnica tiene la ventaja de que es más fácil (porque todo se controla mejor y no hay tanto lío) pero la desventaja es que no todas las células se pueden sacar del cuerpo, dejarlas en cultivo y volverlas a meter. Por eso se suele usar con células de la sangre, por ejemplo, linfocitos, que es lo que os voy a contar ahora.


En este caso: terapia génica aplicada al cáncer

Ya os he dicho que lo que me ha motivado a escribir la entrada ha sido la noticia de que EEUU ha aprobado la primera terapia génica contra el cáncer. Quizás a alguien le suene raro con lo que he explicado antes, porque ¿es el cáncer una enfermedad genética? Bueno, es complicado. Hay cánceres que tienen una base genética muy muy importante (por ejemplo algunos tipos de cáncer de mama) y otros que se desarrollan por causas externas (por ejemplo, la radiactividad puede causar cáncer). En general, el cáncer se considera una enfermedad adquirida, pero igualmente se le puede aplicar la terapia génica.

Lo que se hace en este caso no es arreglar un gen que estuviera mal, que es lo que os he explicado antes, sino que se usa un enfoque algo distinto. Una opción es insertar genes que ayuden al sistema inmune a atacar a las células cancerosas. A menudo, células de nuestro cuerpo sufren una transformación y se convierten en cancerosas, pero no nos pasa nada porque nuestras defensas son capaces de acabar con ellas. Si estas células cancerosas escaparan a la vigilancia del sistema inmune (que, como veis, no está solo para luchar contra infecciones) es cuando se convierten en un peligro, porque siguen reproduciéndose sin control hasta causar un cáncer.

Células T rodeando a una célula cancerosa para matarla.

Otras opciones son introducir genes que hagan a las células sensibles a algún medicamento, genes que hagan suicidarse a la célula, introducir fragmentos de ADN que inactiven los genes que causan el cáncer al mutar (oncogenes)... etc. Como veis, los investigadores tienen en mente muchas cosas, pero pocas se utilizan fuera de ensayos clínicos, ya que es algo que sigue todavía muy en pañales.


Esta noticia hablaba del Kymriah, que es como se llama el nuevo tratamiento. Básicamente consiste en lo que os he explicado: se le extraen linfocitos al paciente (unas células muy importantes del sistema inmune) para tratarlos. Se usa un virus del sida modificado, que nadie se alarme por favor, para introducir dentro del genoma de estas células un gen que les ayuda a luchar mejor contra las células tumorales. Una vez que se les ha introducido el gen se devuelven a la sangre del paciente para que hagan de las suyas ahí.

Concretamente, Kymriah se basa en el sistema CAR-T, que consiste en introducir dentro de estos linfocitos el gen de un receptor especial (este receptor es una proteína) que los dirigirá contra unas células cancerosas específicas.

En este caso, estas células específicas son las que causan la leucemia, porque el tratamiento va dirigido a pacientes de leucemia linfoblástica aguda. Es decir, por muy genérico que suene el sistema, solo sirve para pacientes de esa enfermedad. Esto se debe a que el antígeno CAR es concreto de las células de leucemia. Pero sabiendo esto es fácil deducir que podrían buscarse otros antígenos para otros tipos de cáncer. Buenas noticias: seguramente ya se esté haciendo.

Cuando un tratamiento se aprueba quiere decir que lleva muchos años de estudios y pruebas, así que es muy probable que haya otros tratamientos del estilo que estén en pruebas todavía y que tal vez vean la luz en unos años. ¡Viva la ciencia!

Habrá quien se esté preguntando si este tratamiento es el fin de la quimio para siempre, y la respuesta es que de momento no. El tratamiento irá destinado a aquellas personas que hayan recaído o que tengan un pronóstico muy malo, vamos, que de momento se usará como última opción. En los pacientes que no respondían a las terapias más comunes, este tratamiento fue increíblemente efectivo, porque hasta el 83% vieron como su enfermedad remitía. Además, alrededor de un 67% seguían sanos un año después, es decir, que también conseguía evitar en parte las recaídas, algo muy común en este tipo de enfermedades.

Esta es Emily, fue la primera paciente con la que se probó Kymriah y. ¡Y ahora está curada!


Como veis, el tratamiento no tiene el 100% de efectividad (bienvenidos al mundo real, no sé si existe algún fármaco que lo tenga) y también puede tener efectos secundarios. Como en realidad activa al sistema inmune, puede activarlo demasiado y tener efectos adversos. Muchos medicamentos tienen o pueden tener efectos adversos, pero es que en este caso estamos hablando de matar células que son muy parecidas a nuestras células sanas. Esto hace que sea mucho más fácil que algo salga mal. No es lo mismo separar tomates rojos de tomates verdes que separar tomates #FF0000 de tomates #FE2E2E.


La buena noticia de verdad

De todas maneras, aparte de hablar de la terapia génica, lo que yo quería destacar es el hecho de que se haya aprobado. La mayoría de medicamentos y técnicas que se inventan caen en saco roto después de años de trabajo porque no son lo suficientemente efectivas o porque no son seguras. Esto no quiere decir que no existan, quiere decir que no llegan a los pacientes (por buenas razones, evidentemente).

Pero esto no se ha descubierto en un laboratorio, ni se ha empezado a ensayar. Este medicamento ha superado con éxito todos los ensayos, como si se tratara de una carrera de obstáculos y ha conseguido que lo apruebe ni más ni menos que la FDA (el organismo de EEUU que se encarga de regular alimentos y fármacos).

Esto nos dice dos cosas: la primera, que los prejuicios contra la manipulación genética se están empezando a superar (en serio, hace tiempo nadie habría aprobado un tratamiento que se basa en manipular genes con virus del sida, DEL SIDA). La segunda, que después de mil intentos, de miles de pruebas que se habrán tirado a la basura y de muchísimos resultados negativos, se consiguieron resultados que van a ayudar a miles de personas. Que merece la pena invertir en ciencia, aunque parezca que no, porque sí, es difícil, pero las consecuencias cuando se consigue son enormes y geniales.


Y hasta aquí la entrada de hoy. Espero que os haya gustado y que os ayude a entender un poco más cómo va esto de la terapia génica que parece que está en todas partes. Si os interesa, otro día puedo hacer una entrada acerca de los ensayos clínicos y de cómo se llega a aprobar un medicamento (no en vano estudié esa asignatura). Mientras tanto, no olvidéis dejarme un comentario y difundir en redes. ¡Nos vemos el próximo domingo!



Raquel Alonso Román

2 comentarios:

  1. Muy buenas noticias! Y gracias por la detallada explicación...

    Saludos,
    German

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