La verdadera historia de la ameba comecerebros

El mes pasado, en todos los medios aparecía la noticia de la muerte de un niño por culpa de una ameba que se había comido su cerebro. ¿Cómo que se había comido su cerebro? Bueno, lo que le pasó al chaval es que cuando estaba nadando en una laguna contaminada, este parásito que vive de normal en el agua se metió por su nariz. Enseguida llegó al cerebro, donde empezó a alimentarse del tejido nervioso hasta que el niño murió a los pocos días. 




Entiendo que esta noticia haya dejado a mucha gente en shock porque hasta ahora pensara que esas cosas ocurren solo en las películas. Pero por desgracia (o por suerte) yo estudié algo de Parasitología hace dos años y me dio tiempo a escuchar historias mucho peores, como el bicho que se reproduce alegremente en tu ojo hasta que te lo pudre o el gusano que vive en tu pierna y que tienen que sacar TIRANDO de él. Vale, igual con estas no te mueres pero a mí me dan más grima.

El caso es que hoy os quiero hablar de cómo es este bicho y qué hace para matar a una persona en pocos días, de cómo se trata y de panoramas inspiradores terroríficos que os den ideas malignas (y ficticias, por supuesto).

Si buscáis en Internet "ameba comecerebros", encontraréis un montón de resultados, muchos de ellos más bien con intención de asustar. Pero vayamos por partes.

La ameba comecerebros se llama en realidad Naegleria fowleri, y es una ameba de vida libre. Al contrario de lo que mucha gente piensa, las amebas no tienen nada que ver con las bacterias. De hecho, pertenecen a grupos totalmente diferentes dentro de la clasificación de los seres vivos. Creedme cuando os digo que una ameba se parece más a nosotros que a una bacteria.

Expliqué ya en su día qué son las amebas vamos a repasar un poco. Las amebas son organismos unicelulares (es decir, formados por una sola célula, no como nosotros, que estamos formados por muchas) y como no tienen pared celular pueden desplazarse y fagocitar (vamos, rodear a las bacterias, por ejemplo, para comérselas).



Existen muchísimos tipos de amebas diferentes y pese a su aspecto, la gran mayoría no son patógenas para el ser humano. De hecho, lo que hacen cuando son patógenas (por lo general) es parasitar el intestino de humanos (sobre todo niños) y animales y causar diarreas.

Naegleria fowleri de normal tampoco está preocupada por infectar a las personas, de hecho, que sea una ameba de vida libre significa que vive por su cuenta, aliméntandose de bacterias y otros seres chiquititos y nadando en el agua. Visto así, parece que estoy defendiendo a este letal bicho, pero no es así, solo estoy dando hechos objetivos.

El caso es que esta ameba sí puede dar una enfermedad muy grave en humanos, la naegleriasis o meningoencefalitis amebiana primaria, que por suerte es muy poco frecuente. Ocurre cuando nos metemos a la ameba en el cuerpo, por lo general inhalando agua contaminada por la nariz. Esto es justo lo que le pasó al niño de la noticia, ya que estaba bañándose en una laguna contaminada, y a ver quién es el guapo que cuando se baña no le entra agua por la nariz.

Una vez que llega a las fosas nasales, la ameba es capaz de entrar dentro del bulbo olfatorio (usando los nervios olfatorios) y ahí empieza a matar a las células, no por nada, sino porque algo tendrá que comer. Por eso mismo, en los primeros días tras la infección la persona empieza a notar que no percibe bien los olores, con el consiguiente problema para saborear. Pero aquí, evidentemente, nadie sospecha que puede estar infectado por una ameba comecerebros, más bien piensa en alergia o en un catarro. Durante los días siguientes la ameba avanza hasta llegar al resto del cerebro.

Antes de seguir tengo que hablaros sobre la barrera hematoencefálica, que es una barrera que separa la sangre del cerebro de la sangre del resto del cuerpo. Es muy selectiva y apenas deja pasar sustancias, con la idea de que algo que afecte al resto del cuerpo, como una toxina, no llegue al cerebro, órgano fundamental donde los haya.

Entonces, ¿cómo es que esta ameba, con lo enorme que es, entra? Bueno, la ameba es capaz de meterse dentro del nervio olfatorio. Dentro de la propia célula, vaya. Como la barrera hematoencefálica separa solo la sangre, no tiene nada que hacer si el bicho viaja por dentro de las células.

Para que os hagáis una idea, esta ameba entra en nosotros como un olor: primero entra en la nariz, llega a los nervios olfatorios, estos atraviesan el hueso del cráneo (lo que sería la base) para llegar al bulbo olfatorio y de ahí, al resto del cerebro.

Fuente: TaninoTanino. Sí, es una página de vinos ¿y qué?

Durante los siguientes días, la ameba se instala cómodamente en el cerebro y empieza a comerse el tejido nervioso. No olvidéis que no hay solo una ameba, sino que se ha ido reproduciendo: ahora habrá bastantes. Suficientes como para causar un gran daño.

Aquí, la infección amebiana ya está en su apogeo, causando la meningoencefalitis que se dice en la jerga médica. Los síntomas empezarían con dolor de cabeza (obvio), fiebre (por la infección), náuseas y vómitos, cuello rígido y dolorido (signo clásico de la meningitis) y dolor de espalda. Además, también hay otros síntomas que son muy parecidos a los que se dan en las meningitis causadas por otros patógenos, como bacterias. Serían por ejemplo, convulsiones, alucinaciones, confusión, calambres, descoordinación en los movimientos... A estas alturas, el tejido nervioso está necrosado (vamos, que se ha muerto por las malas).

La muerte sobreviene más o menos entre una y dos semanas después de haber cogido la infección. Además, es muy complicado salvarte: tiene una tasa de mortalidad de más del 95%. Para que os hagáis una idea, el ébola, una de las enfermedades que tendemos a pensar que es muy letal tiene una tasa de mortalidad estimada de un 50%. Normalmente, el sistema inmune de las personas lucha contra la enfermedad y en un porcentaje más o menos amplio puede vencerla. Pero es que, como veis aquí, contra esta ameba no tiene casi oportunidad.

Bueno, pero algo se podrá hacer ¿no?

Como en muchas otras ocasiones, lo más sencillo aquí es no contagiarse. Dado que la ameba no se puede transmitir de persona a persona, lo más lógico es no bañarse en un agua contaminada. Pero eso no significa que nunca puedas darte un remojón: esta ameba estará en aguas cálidas (puede llegar a soportar hasta los 46ºC) y por ello es más común que se den infecciones en verano (también porque en verano la gente se baña, claro). Además, no puede sobrevivir en agua salada; lo que más peligro tiene son las lagunas, puesto que es agua dulce estancada. Por último, esta ameba es muy muy sensible al cloro, por lo que si se trata de una piscina que se mantiene adecuadamente no es ningún riesgo.

Por otro lado, esta infección solo puede cogerse como os he contado: a través de las fosas nasales. Así que si tuvierais muchas muchísimas ganas de bañaros en una laguna que tiene toda la pinta de estar contaminada, posiblemente podríais evitar la infección simplemente con un clip de esos que llevan en natación sincronizada.

Aunque os hará una cara bastante extraña.

¿Y en cuanto al tratamiento? Haberlo haylo, pero como ya dije en su día, es mucho más complicado tratar las enfermedades causadas por amebas o parásitos que las de bacterias. Antes os he dicho que aunque parezca de locos, una de estas amebas se parece mucho más a nosotros que a una bacteria. Y la idea de los fármacos es que maten solo al bicho que te causa la enfermedad, no todo a lo loco. Por eso, cuanto más se parezca el bicho a nosotros, más difícil es curarlo, que es lo que pasa en este caso.

El fármaco de referencia contra este tipo de amebas es la anfotericina B, que supongo que el nombre no os dice nada, pero que es conocido por sus graves efectos secundarios (que en algunos casos han llegado a ser letales). Así que el panorama es alentador como poco.

Este fármaco ejerce su acción uniéndose al ergosterol, que es un componente que está en las membranas de hongos y amebas, pero no en las nuestras. Al afectar a las membranas de las células, las acaba matando. Lo malo es que nosotros tenemos componentes que aunque no son exactamente ergosterol, tienen una estructura parecida, así que también se acaba uniendo a ellas y causando la toxicidad.


Naegleria fowleri y el cambio climático

Cuando creías que ya no podía aparecer con algo más aleatorio, resulta que sí. Pero no, esto tiene una explicación muy lógica. Ya os he contado antes que esta ameba vive en hábitats cálidos, por eso antes se daban más casos en la zona sur de los EEUU, como Florida. Sin embargo, conforme las temperaturas van subiendo poco a poco por el cambio climático, zonas que antes no le resultaban agradables, ahora sí lo son.

Ahora, estados más al norte de los EEUU han reportado casos donde antes no los había habido y se cree que se debe precisamente a esto. Veranos más cálidos significa más zonas donde la ameba puede vivir. Además, puede llegar a un sitio a otro de cualquier forma, ya que también puede vivir en el suelo, o incluso la pueden llevar los pájaros de un sitio a otro.

Así que cuidadín, que a este ritmo, pronto tendremos a Naegleria acampando en todos los charcos sin cloro del planeta. Solo imaginad lo peligroso que sería.



Bueno, y esto es todo lo que os quería contar. Espero que os haya gustado la entrada o al menos, que os haya resultado entretenida. También espero que os hayáis quedado con algo más sobre un caso al que se le dio muchísima difusión en su día, que aquí hemos venido a aprender :D
Me podéis dejar en los comentarios cualquier duda que os haya surgido y también podéis aprovechar para sugerir de qué queréis que hable otros días. Si habéis disfrutado de la entrada, os agradecería muchísimo que compartierais por las redes y también podéis invitarme a un cafecillo virtual. ¡Hasta la próxima entrada!


Raquel Alonso Román

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