La lucha contra el bioterrorismo


Creo que las historias de bioterrorismo os suenan a todos. Y si no lo hacen, ya podéis ir corriendo a leer esta entrada que escribí hace tiempo porque es de lo más importante que podéis hacer hoy (bueno, no, lo segundo. Lo más importante es leer esto). 

El caso es que hace ya bastante tiempo, en una de mis primeras entradas, que es la que he enlazado arriba, os hablé de lo que es el bioterrorismo y de lo que habría que hacer, teóricamente, para ser bioterroristas. Hoy quiero ampliar un poco esa entrada y hablar de cómo nos estamos preparando para luchar contra el bioterrorismo, y de si estamos listos o no.




Quizás en la actualidad, muchos piensen que el bioterrorismo es cosa del pasado o que algo así ya no podría ocurrir, o incluso que estamos siendo unos exagerados, pero no. Dicen, aunque no se sabe realmente, que Irak tiene armas biológicas (y no me sorprendería nada, dado lo sencillo que es fabricarlas) y también que el Daesh está instando a sus subordinados a usarlas en próximos ataques. Y sinceramente, lo que yo no entiendo es que, puestos a matar personas y a crear terror, no se estén usando más.

Más grave todavía es que hoy para nosotros siguen siendo un peligro las armas clásicas, como la viruela o el ántrax, pero también nuevas creadas por ingeniería genética. En la actualidad, conseguir una cepa de bacteria resistente a un montón de antibióticos es sencillo de hacer y no necesita un equipamiento muy caro, vale casi cualquier laboratorio. Pero es que además, los avances en ingeniería genética nos permiten hacer auténticas burradas, en las que no voy a entrar, pero que se resumen en hacerlos más infectivos, más peligrosos, o que en presencia de antibióticos se hagan aún más virulentos.

¿Cómo nos estamos preparando contra un ataque bioterrorista?

El primer paso, que es asumir que el bioterrorismo es una amenaza real, ya está dado. Quizás nos falte comprender el alcance de esa amenaza, porque como podéis imaginar, la gente que fabrica ese tipo de armas no aparece en la primera página de Google. Pero en esta época tiene todo el sentido del mundo estar preparado, porque ¿qué nos hace pensar que si atentan con camiones y bombas no van a hacerlo con virus?¿cuál es la diferencia entre contaminar unos potitos con veneno y contaminar la carne con toxina botulínica?

Por suerte, el gobierno de EEUU ya está preparado contra la guerra biológica. En la propia página del CDC (Centers for Disease Controls and Prevention) aparece el término y hay un montón de documentos referidos a él. Si queréis, podéis echarle un vistazo aquí. Y no son solamente documentos escritos sin sentido, no, se lo están tomando en serio. 

Prueba de ello es Ken Alibek, a quien contrataron en 1992 como consultor en la lucha contra el bioterrorismo. Quizás el nombre no os diga nada, pero este señor fue uno de los principales expertos de guerra biológica en Rusia, director de Biopreparat (una empresa tochísima dedicada a fabricar armas biológicas). Con la caída de la Unión Soviética en 1990, la empresa salió perdiendo bastante, aunque ya venían de capa caída (eso no quiere decir que se cerrara por completo) y Ken Alibek emigró a EEUU donde estuvo alrededor de 20 años dirigiendo las estrategias en lucha contra el bioterrorismo e incluso impulsó el Grado en Biodefensa en una universidad. ¿Que esto olía raro? No sé por qué lo decís.

El colega Ken Alibek.


También en Europa se están haciendo grandes esfuerzos para esta lucha. Se han puesto en marcha programas de vigilancia epidemiológica y de respuesta ante enfermedades infecciosas emergentes, tanto para enfermedades naturales (como el ébola) como enfermedades debidas al bioterrorismo, porque al fin y al cabo, el proceso es el mismo.

Si antes os he dicho que la ingeniería genética y la biotecnología nos permiten crear auténticas burradas en materia de armas más peligrosas y resistentes, la buena noticia es que también nos permite luchar contra ellas de forma mucho más eficaz.

En primer lugar, podemos secuenciar un genoma de forma muy rápida. Conociendo todos los genes podemos saber qué microorganismo es, si se le han hecho modificaciones y cuáles son esas y también saber a qué antibióticos puede ser resistente y a cuáles sensible. Eso nos da muchísima información con la que empezar, y si no la conociéramos, podríamos estar perdidos un buen tiempo.

Además, hoy en día se han desarrollado un montón de vacunas y fármacos destinados a este tipo de fármacos. El gobierno estadounidense (y otros muchos más siguiendo su ejemplo) destina cada año partidas presupuestarias a la lucha contra el bioterrorismo y parte de ese dinero se dedica a la investigación de vacunas y fármacos.

Por ejemplo, la empresa Hadron (dirigida por Ken Alibek de nuevo) tiene varias ideas para protegernos contra el ántrax. Actualmente existe una vacuna, pero no es muy buena porque requiere muchas repeticiones (más o menos una al año). Entonces, esta empresa ha desarrollado una vacuna mejor, además de un anticuerpo que bloquearía la toxina y un antibiótico nuevo.

EluSys es otra empresa que ha desarrollado un tratamiento contra el ántrax, pensando en personas que ya estén infectadas. También está el caso de la empresa Kaketsuken, que producía la mayoría de vacunas contra la viruela cuando esta enfermedad aún no estaba erradicada, y que a pesar de cuando se erradicó parecía que había desaparecido, resurgió en 2001 y en 2004 lanza una nueva vacuna junto con una compañía americana.

También se están desarrollando nuevos kits y tests para reconocer agentes biológicos muy rápidamente y de forma muy barata (secuenciar genomas es rápido y barato, pero no tanto y no está disponible a gran escala para todos los centros de salud). Estos equipos son más del estilo de un test de embarazo, te dicen si estás infectado o no con viruela, por ejemplo, en unos minutos y con un equipamiento bastante barato (aunque no te da tanta información como secuenciar, siempre puedes secuenciar una vez que has salido infectado).

Bacillus anthracis, uno de los causantes de todo este lío.


Con esto os quiero decir que las autoridades consideran el bioterrorismo una amenaza real y que estos ejemplos son solo la punta del iceberg en cuanto a precauciones tomadas. Evidentemente, muchas de ellas no van a estar disponibles para el público general porque si estuvieran perderían parte de su efecto. Que los bioterroristas no son tontos (creo que eso ya ha quedado claro hace rato).

Viendo todas las medidas que se toman cabría preguntarse ¿pero estamos preparados de verdad?¿qué pasa si mañana hay un ataque bioterrorista? Bueno, vamos a verlo con sentido común y lógica.


¿Estamos preparados de verdad?

Esta pregunta tiene algo de truco, porque realmente no se puede saber cómo vas a afrontar algo hasta que te toca. Ahora mismo puedo imaginarme un montón de situaciones diferentes con bioterroristas de por medio, y cada una puede tener un desenlace diferente. Dependerá no solo de cómo actuemos nosotros, sino también de la situación. Es evidente que no es lo mismo tratar de contaminar las salsas de un restaurante con Salmonella que diseminar la viruela en una ciudad entera, ni es lo mismo usar un virus como el ébola que una bacteria como la que causa la tularemia (que se contagia mucho pero tiene una mortalidad muy baja).

Pero bueno, a lo que vamos. Yo, sinceramente, creo que no estamos preparados. Más que nada porque es imposible cubrir todas las posibles opciones. Aunque ya os he contado cómo se prepara, por ejemplo, el gobierno de EEUU es imposible tener un plan A para cualquier situación, no te digo ya un plan B y uno C.

Otro asunto es que el bioterrorismo es algo que la gente de a pie no tiene en mente. Si llega una persona al médico con fiebre y toses, a nadie se le va a ocurrir que podría ser la versión inhalatoria del ántrax hasta que ya sea demasiado tarde. En estos casos, el primero que tendría que dar la voz de alarma sería, aparte del propio infectado, su médico de cabecera y eso es muy muy complicado.

Además, una enfermedad puede aparecer en cualquier momento y lugar, sin previo aviso. Incluso una persona infectada podría pasar por el aeropuerto sin mayor problema. Pensad en lo poco que os costaría romper unos viales en una tienda de ropa en rebajas, o echar algo en la salsa de un kebab, o formar aerosoles de virus en el metro.

Por otra parte, he de decir que cuando tenemos una emergencia sabemos ponernos las pilas. Es algo que se ha demostrado en multitud de ocasiones. Desde que ocurrieron los ataques con ántrax de 2001 se han desarrollado multitud de tratamientos y kits para detección, impulsados por el miedo a que se pudieran repetir en plan masivo. También, cuando ocurrió la famosa epidemia de SARS que fue la primera que obligó a cerrar aeropuertos, salieron kits al mercado para detectarla deprisa. Lo mismo con el ébola: hizo falta poco tiempo para que se empezaran a probar tratamientos que hasta ese momento no habían salido de los laboratorios.

Si leísteis mi entrada de ensayos clínicos, quizás os estéis echando las manos a la cabeza: ya vimos lo lento que era todo eso: tenían que probarse, volverse a probar, ser aprobados por las instituciones...total, un caos. Pero claro, estas cosas van más rápido cuando estamos ante una emergencia que necesita algo rápido.

Ensayos clínicos. Fuente e-source.


Pero ¿cuánto más rápido? Todo tiene límites. Imaginad que ahora mismo unos terroristas lanzan la viruela sobre el centro de Madrid. La gente entraría en pánico. Muchos estarían contagiados desde el minuto 1 pero otros muchos podrían salvarse si se pusieran una vacuna. Pero esa vacuna habría que sacarla de algún sitio ¿no? Precisamente la de la viruela no sería mucho problema, ya que los soldados americanos siguen vacunándose por miedo a la guerra biológica y hay empresas que lo fabrican. Pero ¿y si fuera otro bicho? ¿cuánto tardaríamos en sacar una vacuna?¿cuánto podrían acortarse los ensayos?

Posiblemente tardaríamos mucho. No mucho comparado con lo que cuesta sacar una vacuna normal (y no hablemos de vacunas para enfermedades que no afectan a Occidente, porque eso ya...), pero sí mucho comparado con el tiempo necesario. En el proceso ya sería tarde para muchísimas personas (OJOCUIDAO eso no quiere decir que fuera inútil, para nada).

Lo que pasa es que para conseguir daños mínimos, o incluso repeler el ataque casi por completo, se necesitan unos tiempos de respuesta tan cortos que son inviables. Se necesita detectar la enfermedad antes de que empiece a expandirse, se necesita poner en cuarentena a los afectados, se necesita detectar el agente patógeno y tener YA una cura contra él y, a ser posible, una prevención disponible para el resto de la gente.

Desde 2001 hemos avanzado muchísimo en biotecnología, y esto nos da una ventaja increíble. Creo que las consecuencias de un mismo ataque (un ataque a lo bruto digo, no contaminar salsas) ahora y en el año 2000 no tendrían nada que ver. Y eso es bueno para nosotros, evidentemente. Estamos más protegidos y las probabilidades de que a ti, como persona individual que me lee, te pase algo son menores.

Pero eso no quiere decir que el bioterrorismo haya dejado de ser un problema, ni mucho menos. Es algo que podría estallar en cualquier momento y, lamentablemente, lo más probable es que nuestra reacción no fuera suficiente, por mucho que pusiéramos todos nuestros esfuerzos en ello.

Siento no poder acabar el artículo en plan optimista, pero es que no hay muchas razones para serlo ahora mismo. Sí que es cierto que los intentos más recientes de ataques bioterroristas no han salido bien, por lo que igual no es tan sencillo como yo me imagino. El caso es que vamos a cruzar todos los dedos muy fuerte para que no nos ataquen. Mejor, vamos a invertir en investigación, porque cuanto más sepamos, más posibilidades tenemos de salir indemnes. O bueno, a este ritmo, quizás salga mejor cruzar los dedos.


Esto es todo lo que quería contar por hoy. Espero que os haya gustado. Cualquier cosa, me la podéis dejar en los comentarios. Y también me gustaría mucho que compartierais por las redes o me invitarais a un café virtual. ¡Hasta la próxima entrada!


Raquel Alonso Román

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