La resistencia a antibióticos: una pesadilla real

Los antibióticos forman parte de nuestro día a día. Tanto que ni siquiera podemos imaginarnos que una bacteria pueda suponer una amenaza. ¿Por qué va a serlo, si tenemos un montón de fármacos que nos curan? Las infecciones bacterianas son algo del pasado, o como mucho, de países pobres ¿no?

Bueno, claro, ese es el típico pensamiento de persona que ve la tele feliz en su salón, sin darse cuenta de que la calle se ha llenado de zombies. Pero ha llegado el momento de correr las cortinas y asustarse. Asustarse mucho.


El primer antibiótico, la penicilina, se descubrió en 1928 prácticamente por casualidad (no se inventó, puesto que la produce un hongo, nosotros nos limitamos a darnos cuenta y a usarla). Este descubrimiento salvó miles de vidas en poco tiempo, y en parte se le atribuye la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial.

Los científicos enseguida se dieron cuenta de que, si un antibiótico existía en la naturaleza, bien podía haber más, y se pusieron a buscarlos. Lo que se hacía básicamente (y se ha hecho durante muchos años) fue enfrentar muestras de microorganismos, por ejemplo, del suelo, contra bacterias conocidas. Cuando se detectaba que las bacterias estaban muriendo, se buscaba qué sustancia lo causaba y se intentaba usar como antibiótico si sus características lo permitían.

Quizás esto os parezca algo rústico, pero esta técnica se ha usado durante muchísimos años y con muy buenos resultados. La mayoría de antibióticos que conoces y que has tomado alguna vez provienen de esta técnica.

Aquí se muestra la actividad antibiótica de un actinomiceto sobre Staphylococcus aureus (una bacteria que puede dar  bastantes problemas). Fuente aquí.


Por otro lado, y paralelo a la búsqueda de nuevos antibióticos, los científicos se dedicaron también a modificar los que ya existían. Por reacciones químicas podían cambiar algunos átomos y esto cambiaba sus propiedades. Por ejemplo, podía hacerlos más eficaces, menos tóxicos o activos contra más tipos de bacterias.

Tenéis que tener en cuenta que hay algunas bacterias a los que no les afectan ciertos antibióticos. Esto tiene que ver con su fisiología: por ejemplo, puede que en un tipo determinado de bacterias el antibiótico no pueda entrar dentro de la célula, o no tengan la proteína diana del antibiótico, o tengan mecanismos para expulsarlo antes de que cause daños... Algunos antibióticos son de amplio espectro, es decir, valen para muchas bacterias distintas, pero otros son para bacterias más concretas.

El caso es que podríamos decir que el siglo pasado fue el siglo de los antibióticos, pero como podéis suponer, todo lo bueno se acaba. Al cabo de unos años, los científicos que buscaban antibióticos se dieron cuenta de que casi siempre les salían los mismos, es decir, que apenas aparecía nada nuevo. Y en este campo, es renovarse o morir.

Es renovarse o morir porque las bacterias no se quedan ahí siendo masacrada. Durante estas décadas de uso masivo de antibióticos, algunas bacterias ha mutado y han sido capaces de adquirir la resistencia a algunos antibióticos. O mejor dicho, las que por alguna mutación eran resistentes seguían vivas, mientras que las otras morían. ¿Y al final quiénes van quedando? Exacto, las resistentes. La evolución, amigos.

Si combinamos la resistencia a antibióticos de las bacterias con el hecho de que cada vez nos cueste más encontrar antibióticos nuevos, el panorama es, como poco, aterrador. Pero vamos a verlo todo un poco más en detalle.


¿Qué ha pasado?

Pues varias cosas. En primer lugar, hay que tener en cuenta que siempre que aparece un nuevo antibiótico, aparece una resistencia a él. Puede tardar más o menos tiempo en aparecer (normalmente menos), pero aparece. OJO: Esto no quiere decir que el antibiótico se convierta en inútil, solo que hay bacterias a las que no les afecta.

Si una bacteria se hace resistente a un antibiótico, es fácil que lo sea también a toda la familia de antibióticos, que son iguales entre ellos, solo con unas pequeñas modificaciones.
Ejemplo de la familia de los betalactámicos, a la que pertenece la penicilina. Todos afectan a la pared celular; os podéis fijar en lo similar que es su estructura.

Pero, ¿cómo funciona esto de las resistencias? Os pondré un ejemplo muy tonto:

Imagina que estás en casa con tu familia y aparece alguien que os quiere quemar dentro. Igual lo consigue y os morís, pero igual no. Igual podéis poner una valla alrededor del jardín para que no entre, estar preparados para darle una paliza en cuanto cruce la puerta, tener un extintor a mano para apagar el fuego en cuanto empiece o decidir pintar las paredes con material ignífugo.Todas estas formas de evitar el fuego serían las posibles resistencias, y una vez que hayáis desarrollado una, el pirómano dejará de ser peligroso para vosotros. Podrá mataros quizás un francotirador o una bomba, pero no el fuego.

Bueno, esto es bastante poco científico, pero con las bacterias pasa igual. Como sabéis, es común que el DNA ocurran mutaciones y aunque muchas son perjudiciales, otras pueden ser beneficiosas para la bacteria porque le dan resistencia.

Por ejemplo, hay bacterias que tienen bombas de eflujo, unas proteínas que se encargan de expulsar algunos antibióticos fuera de la célula una vez que ha entrado. Si una bacteria sufre una mutación que aumenta la actividad de esta bomba de eflujo, será resistente a esos antibióticos. Y como esto va en los genes, sus hijos también serán resistentes. (Recordad que las bacterias se dividen muy rápidamente, por ejemplo, algunas lo hacen una vez cada media hora... imaginad la cantidad de bacterias que aparecen en un día).

Entonces, las bacterias que no son resistentes mueren enseguida al usar un antibiótico, pero quedan las otras, que además tienen menos competencia, así que proliferan. Con el paso del tiempo habrá más bacterias resistentes y nada impide que una bacteria resistente a la penicilina, adquiera al cabo del tiempo resistencia a los aminoglucósidos.


En este vídeo de TED podéis ver todo el proceso de forma bastante más cuqui.


Hemos usado mal los antibióticos

Pero nosotros hemos propiciado esto. Los antibióticos se han usado, reusado, y vuelto a usar incluso cuando no eran necesarios, solo "por si acaso". Se han recetado antibióticos cuando no hacían falta (los antibióticos no matan a los virus, solo a las bacterias). Ha habido médicos, y seguro que los sigue habiendo, que daban antibióticos para un catarro y gente que se los tomaba ante la primera irritación de garganta. Por supuesto, sin saber que no solo no ayudan sino que están facilitando que aparezcan resistencias.

Por otro lado, los antibióticos también se dan de forma preventiva a los animales de la mayoría de granjas. Nadie quiere arriesgarse a que una infección les haga perder miles de euros de golpe, y además hacen que engorden más, así que es mejor mezclar antibióticos en la comida de los animales para ganar más dinero.

Pero aparte de usarlos demasiado, también se han usado mal. Por ejemplo, en los hospitales se debería practicar la rotación cíclica de antibióticos, que consiste en dejar de usar algún antimicrobiano durante un tiempo (mientras, otro le sustituye), y así con varios durante el tiempo. Como dejar tierras en barbecho, vaya. Esto ayuda a prevenir resistencias porque no siempre usamos el mismo, pero la realidad es que en muchos sitios no se aplica, agravando el problema.


Y nos estamos quedando sin ellos

Por otra parte, ya os he dicho antes que cada vez encontramos menos antimicrobianos nuevos, cada vez es más difícil obtenerlos. Como dice mi profesor de Micro, es como si hubiéramos cogido toda la fruta que cuelga de las ramas bajas del árbol y ahora nos estemos peleando para coger la que está más arriba.

Tal que así.

Sí, al mercado siguen saliendo antibióticos, pero casi nunca son nuevos, son modificaciones de los que ya existían, con lo que no solucionan el problema. ¿Y por qué? Pues porque parece que la técnica que os he contado, la de coger muestras de por ahí a ver qué contiene, ya se ha exprimido al máximo. Ahora es momento de probar nuevas técnicas, pero esto no es sencillo y hace falta mucho dinero.

El problema es que no hay mucho interés en invertir en antibióticos. Con suerte, un nuevo antibiótico podría llegar al mercado en unos 10 años, y después de haber gastado millones de euros en moléculas fallidas. Para que luego lleguen las bacterias y desarrollen una resistencia. No renta ¿no?

Os podrá parecer bien o un pecado imperdonable, pero lo cierto es que las farmacéuticas no invierten apenas en desarrollo de antimicrobianos. Y solo con dinero público es muy difícil conseguir todo lo que hace falta: no necesitamos encontrar un nuevo antimicrobiano, necesitamos desarrollar técnicas completamente nuevas o cambiar por completo la forma de luchar contra las bacterias.



Las superbacterias: verdaderos villanos

Después de tanto tiempo de mal uso de antibióticos, y de bacterias adquiriendo resistencia, hemos llegado a un momento donde el problema es grave. Han aparecido bacterias resistentes a la mayoría de antibióticos: tanto a los más modernos y potentes como a los antiguos. ¿Os suenan las superbacterias? Pues esto son.

El problema de las superbacterias es que, aunque no causen, por ejemplo, una enfermedad tan grave como la tuberculosis, no se pueden tratar de ninguna manera. No tenemos ninguna forma de luchar contra ellas (se prueban los antibióticos que ya no se usan por ejemplo, por tener muchos efectos secundarios o por ser poco efectivos, a ver si suena la flauta). Y una infección sin tratar puede matarte, por ejemplo, se puede complicar en una sepsis.

Es importante mencionar que estas superbacterias matan a unas 25.000 personas por año en Europa, y similar en EEUU, pero no suelen afectar a personas sanas. En cambio, suelen matar a gente inmunocomprometida que está ingresada en hospitales.

Eh, eh, esto no quiere decir que estemos a salvo del problema. Hemos entrado en una dinámica de la que es difícil salir y si no cambian las cosas, es fácil que en las décadas que vienen, las superbacterias empiecen a infectar a la gente de a pie. Como vosotros...

Estas bacterias pueden estar en cualquier parte, incluidas las personas (puede ser que sin llegar a causarles ninguna enfermedad, por ejemplo, si están en la superficie de la piel), y pasar de un sitio a otro con relativa facilidad. Si esto no os da miedo, no sé qué lo hará.

Yo aún recuerdo la primera noticia que vi relacionada con las superbacterias, me impactó mucho porque fue cuando me di cuenta de que el sistema de antibióticos actual tiene fecha de caducidad... y antes de lo que pensaba. Fue esta:

Fijaos en la fecha. Texto completo aquí:


En el futuro...

Para qué os voy a engañar, yo el futuro lo veo muy negro. Ocurre lo mismo que con el cambio climático, sabemos que el problema está ahí, nos imaginamos que las consecuencias pueden ser muy negativas, pero moverse para evitarlo cuesta bastante esfuerzo. Hasta que no nos explote en la cara, puede que los que tengan que hacer algo ni siquiera despierten. En este caso, hasta que empecemos a ver morir a gente sin poder hacer nada.

Pero vamos a ser realistas. Se están desarrollando nuevos métodos para encontrar formas de vencer a las bacterias, y son muy diversos. Y esto son buenas noticias :D

En primer lugar se están buscando nuevas formas de cultivar microorganismos. Como os he dicho antes, muchos antibióticos los producen las propias bacterias u hongos, ya que en ellos tienen otras funciones. Pero hay muchos microorganismos que nosotros no podemos cultivar en laboratorio, simplemente no crecen, así que nunca vamos a poder ver si nos dan alguna sustancia que nos interese. A menos que busquemos formas de cultivarlos, que es lo que se está haciendo.

Por otro lado, con las nuevas tecnologías actuales como la ingeniería genética, bioinformática... tenemos herramientas para desarrollar nuevas moléculas, y a esto se le intenta sacar partido.


Alternativas a los antibióticos

Por último, alguien espabilado se dio cuenta de que no tiene sentido seguir haciendo antibióticos. Cada vez que tengamos uno nuevo, aparecerán resistencias, entonces nosotros sacaremos otro, las bacterias se harán resistentes y así sucesivamente. ¿No sería mejor cambiar de estrategia?


Nos estamos planteando usar enzimas de bacteriófagos (los virus que atacan a las bacterias ¿os acordáis?) para romperles las membranas, o incluso fagos enteros. Estos en principio no deberían hacernos daño a nosotros, atacarían selectivamente a las bacterias. De hecho, era algo que se usaba bastante en Europa del Este antes de que aparecieran los antibióticos, pero que quedó en desuso porque estos eran más eficaces.

Bacteriófagos (lo que parecen setas) atacando a una célula (lo rendondo grande).


También proteínas antimicrobianas, bacterias para luchar contra otras bacterias (se ha visto que funciona bien para Clostridium difficile, una bacteria que da bastante por saco en hospitales), potenciar el sistema inmune, usar complementos para "engañar" a las bacterias y que pierdan la resistencia... Tal y como me han dicho en clase:

La imaginación es más importante que el conocimiento.

¿Qué podemos hacer?

Nosotros, como personas de la calle, poco. Podemos tomar los antibióticos de la forma más responsable posible, pero no somos el principal problema.

Lo que debería ocurrir de verdad sería que los políticos se concienciaran. Se debería invertir mucho más en investigación en este tema; no es justo que no se desarrollen medicamentos solo porque no den dinero. También se deberían hacer normativas más estrictas sobre el uso de antibióticos. Aunque yo creo que el daño ya está hecho, podemos intentar no liarla más aún.

Necesitamos que los gobiernos, no solo el nuestro sino todos, se impliquen de verdad en este tema, porque es algo que tenemos que resolver a nivel mundial. Hace falta concienciar del problema a todo el mundo, para que todos pongan su granito de arena. O si no, al menos, para avisar de lo que se nos viene encima.

Con esto quiero que os quede claro que estamos ante un problema serio. No basta con dedicar un par de millones más a la investigación, ni con hacer unas cuantas charlas en institutos. Ni con escribir una entrada de blog como esta. Hace falta mucho, mucho más para que las bacterias no acaben con nosotros.



Espero que os haya gustado la entrada. O al menos, que os haya dado miedo, que era el objetivo principal (en realidad, el objetivo principal era tocarle la conciencia a alguno, pero no tiene pinta de que esa gente lea mi blog). Recordad que me encantaría que me dejarais un comentario, compartierais por las redes o me invitarais a un café virtual. ¡Hasta el próximo domingo!

Raquel Alonso Román

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