Epidemias y pandemias

¿Quién no leyó alguna vez un libro sobre una epidemia o pandemia? Desde Ensayo sobre la ceguera, de Saramago (un librazo, por cierto) hasta La danza de la muerte de Stephen King, muchísimas novelas han tratado este tema con diferentes enfoques. ¿Por qué? Porque dan mucho juego: el miedo a infectarse, la lucha por sobrevivir o un posible escenario apocalíptico son solo algunas de las opciones que puedes elegir. 

Pero para escribir sobre una epidemia hay que tener bien claro cómo funcionan. Hoy os lo voy a explicar y después hablaremos de un caso real y muy sonado del que seguro que os acordáis: la epidemia de ébola de 2014-2016.





¡Antes de que sigas! Si no tienes muy claro lo que son los patógenos o cómo causan enfermedades, igual estas entradas anteriores te podrían ayudar:

Esos adorables patógenos: virus y bacterias, también hongos, gusanos y protozoos.



Ahora sí que sí, ¡empezamos!


Epidemias

Decimos que hay una epidemia cuando una enfermedad afecta a un número de personas mayor del esperado, en una región concreta y durante un tiempo determinado. Es decir, no hay un número fijo de infectados por encima del cual digamos que es una epidemia, sino que depende de la situación previa de la región. Por ejemplo, con que en España hubiera unos pocos casos de viruela ya podríamos decir que es una epidemia, porque estamos hablando de una enfermedad erradicada. Pero si en una región ha habido desde hace tiempo muchos casos de sífilis, eso no quiere decir que porque se infecten unos pocos más vaya a ser una epidemia. 

También hay que definir lo que es un brote (brote epidémico, no de planta). Simplemente se refiere a que una enfermedad aparece de repente en una región. Aunque realmente puede ser lo mismo que una epidemia (aparecen más casos de los esperados en una región), se suele utilizar este término porque parece que da menos miedo, es menos sensacionalista, o eso dicen. A mí no me lo parece, pero para gustos, colores. 

Por otro lado, definimos endemia como presencia habitual de una enfermedad en un área. Hay enfermedades endémicas de diferentes regiones, como la enfermedad de Chagas (endémica de Centro y Sudamérica) o el dengue (endémica en más de 100 países tropicales). Una epidemia puede convertirse en una endemia si el número de casos baja mucho y se mantiene solo en algunas regiones, que por algún motivo sean más favorables para que se desarrolle el patógeno.

Una enfermedad también puede pasar de ser una endemia a ser una epidemia si hay muchísimas personas que se infectan. Y, una vez que es una epidemia, también puede convertirse en una pandemia, que ya tiene prácticamente el rostro del terror. Se dice que una epidemia se ha convertido en una pandemia cuando ha infectado a muchas personas a lo largo de una región muy extensa. Este es el caso del VIH: quizás el porcentaje de población infectada no sea extremadamente alto, pero está presente en todos (o casi todos) los países del mundo, así que se considera pandemia. 

A lo largo de la historia ha habido muchas epidemias y pandemias, algunas tan famosas que aún se sigue hablando de ellas hoy en día: peste negra, gripe española, peste bubónica... Pero aunque parezcan cosa del pasado, también ha habido casos recientes: aparte de los ya mencionados ébola y VIH también podemos hablar de la gripe aviar, o síndrome respiratorio agudo severo.

Típico traje de médico de la peste, que usaban en el SXVII para no contagiarse


Inicio y contagio de la enfermedad

Muchas de las enfermedades que dan lugar a epidemias empiezan en los animales. Hay muchas especies, sobre todo mamíferos y aves, que sirven de reservorio para patógenos que para los humanos pueden llegar a ser muy peligrosas, como por ejemplo, la gripe aviar.

El paciente 0, es decir, el primer infectado de la epidemia generalmente lo hace tras haber estado en contacto con los animales portadores (no tienen por qué ser salvajes, podrían ser los de una granja). Y de ahí ya puede empezar a contagiar a las personas que tiene cerca.

Otra forma de iniciar una epidemia podría ser la liberación de un agente patógeno, por ejemplo si hablamos de guerra biológica o ataque bioterrorista, o bien si hay un accidente en un laboratorio (típica cosa que con lo torpe que soy, podría pasarme a mí).

El caso es que con un solo paciente infectado no hacemos nada, así que tiene que pasar de persona a persona. Depende del patógeno que esté causando la enfermedad, esto puede ocurrir de mil formas. Muchos virus y bacterias pueden contagiarse por el aire, por ejemplo, el virus de la gripe. Otros se contagian por la saliva y objetos personales que el enfermo usa (fómites), como el virus de Epstein-Barr (que puede dar mononucleosis o enfermedad del beso). Luego hay otras que se transmiten por fluidos corporales, como es el caso del VIH, que como sabéis puede contagiarse por sangre, semen, fluidos vaginales...etc.

Dentro de que cada patógeno se contagia de una forma, hay algunos más contagiosos y otros menos. Esto depende del patógeno y del área geográfica, así como de la época del año. Por ejemplo, en invierno pueden transmitirse más enfermedades porque la gente suele juntarse en casas, bares... En una región donde la gente acostumbra a compartir los cubiertos también es más fácil que se pasen un virus intestinal, por ejemplo. Y también influyen los síntomas: una enfermedad que se transmita por el aire lo tendrá más fácil para pasar de persona a persona si causa toses y estornudos (así le echamos todos los bichos a la cara del resto, venga, fiesta).

La enfermedad, al principio va a expandirse despacio, pero no os preocupéis porque enseguida se acelera la cosa. Cuantas más personas contagiando haya, más irán cayendo enfermos poco a poco. Esto irá de forma exponencial así que, aunque tarde en arrancar, en breve tiempo puede haberse descontrolado. Solo hay que asegurarse de que en ese breve tiempo no se corte la epidemia.

También hay que tener en cuenta que en áreas más pobres se extenderá más rápido por la falta de higiene, de servicios sanitarios y también si hay hacinamiento entre la gente (esto también se aplica a áreas muy pobladas). Vaya, que los sitios pobres y muy poblados son caldo de cultivo perfecto para todo tipo de enfermedades.

Además, en regiones más ricas y con mejores condiciones sanitarias es mucho más fácil que la enfermedad se detecte y se trate antes de que se extienda. En nuestra sociedad estamos acostumbrados a ir al médico por poco que pase, cosa que no haríamos si tuviéramos que caminar 30 km. Y aunque no van a poder tratar cualquier enfermedad (los antibióticos no van a funcionar contra los virus, por ejemplo), es más fácil que se detecte, empiece a investigarse o se ponga a los enfermos en cuarentena. Es decir, que en general es más probable que la epidemia se corte antes de llegar a ser mucho más grave, haciendo difícil que se convierta en pandemia (pero no imposible). Por ello, la mayoría de epidemias actuales provienen de países subdesarrollados.

El juego Plague Inc (está en la Play Store) te permite hacerte una idea de cómo avanzan las epidemias. Sin ser 100% realista en lo que a mutaciones se refiere, puede ser útil para ciertas cosas, y no cabe duda de que es muuuy divertido.



Progreso: vamos camino de la pandemia

Para que se propague y llegue a convertirse en epidemia y después en pandemia necesitamos que pueda transmitirse bien de persona a persona (con un par de infectados no hacemos nada), que pueda dar casos graves de enfermedad (por ejemplo, la gripe a la mayoría de la gente no le afecta demasiado pero para algunas personas puede ser mortal, por eso se vacuna) y que el grueso de la población no sea inmune a él (por ser un virus nuevo o uno viejo mutado). Esto lo dice la OMS, no yo.

Además, de mi cosecha y con lo que sé, añadiría que no matara muy rápido y, para mayor efectividad, un período de incubación relativamente largo. Me explico: si una enfermedad mata a todos los que contagia en un periquete, estos muertos no van a tener la posibilidad de contagiar. Generalmente, cuando pillamos algo lo hacemos de alguien que está enfermo, es decir, estos son un foco de infección muy importante y si se mueren, dejan de serlo. Además, una enfermedad que mata muy rápido va a hacer que haya mucha más preocupación y que se aíslen a los infectados: más difícil contagiarse.

Lo del período de incubación relativamente largo se debe también a varias cosas. En primer lugar, pasará un tiempo desde que los infectados pillen el patógeno hasta que realmente empiecen a sentirse enfermos. Durante esta etapa también se pueden contagiar (aunque quizás menos), pero como los infectados se creerán sanos, harán vida normal y no tomarán ninguna precaución, ni ellos ni los de su alrededor. ¿Resultado? Muchos más infectados. Por otro lado, si pasa un tiempo largo desde que te expones al patógeno hasta que te sientes enfermo (pongamos tres semanas o un mes), no vas a ser capaz de acordarte de quién te lo ha podido pasar, es decir, es mucho más difícil para todos llevar un control. Sin embargo, si ayer estuviste con tu primo y ahora los dos estáis enfermos todos los dedos le señalan a él.

Otro factor importante para que una epidemia se siga extendiendo es la movilidad de la gente. Hoy en día, los aviones, barcos y trenes van llenos, la gente viaja de un lugar a otro y continuamente consumimos productos que vienen de otros países. Antes, cuando la gente se quedaba para siempre en su pueblo, era más difícil que una enfermedad se extendiera tanto

Actualmente se sabe que una de las mayores vías de transmisión de enfermedades a lo largo del planeta es por los aviones. En ellos viaja muchísima gente a diario de un país a otro, a menudo haciendo escalas en otros sitios. Con que un solo infectado vaya en el avión, puede infectar a su vecino, quizás de otro país, o a los azafatos y ¡pum! enfermos en varios países nuevos. Evidentemente, esto es cuestión de suerte, sobre todo al principio, pero si ocurre puede tener consecuencias graves. No olvidéis que en los aeropuertos es prácticamente imposible realizar controles para ver si las personas que pasan están enfermas de una algo concreto.*

Esta película habla sobre una enfermedad que empieza a extenderse por el mundo y a matar a la gente. Y ya lo dicen bien ahí "nada se esparce como el miedo".


Medidas anti-epidemia

Una vez detectada una epidemia, lo más lógico es que los gobiernos o las organizaciones internacionales tomen medidas para evitar que se siga extendiendo o que cause más daño. Las medidas, evidentemente, dependerán de la cantidad de gente afectada, de la naturaleza de la infección, de la región...

Las medidas más suaves serían concienciar a la población y hacer actividades para que la gente tome medidas (por ejemplo, todas las charlas que se han hecho sobre el SIDA y todos los preservativos que se han repartido). Otra sería aumentar la investigación o el número de efectivos médicos y de recursos en hospitales.

Sin embargo, hay otros que tienen más impacto y que se hacen cuando la situación es peligrosa, por ejemplo, cuando hay muchos infectados o cuando todos los países alrededor del tuyo se han contagiado. ¿Ejemplos? Cerrar las fronteras para que nadie pueda entrar o salir del país, poner toques de queda para que la gente no salga a la calle, incinerar directamente los cadáveres...

Por último, cuando hay muchos enfermos y no se les puede curar se empiezan a usar tratamientos que jamás se usarían en otras circunstancias, por ejemplo, fármacos experimentales (que igual no hayan pasado por los ensayos clínicos). Usar estos fármacos es peligroso, pero si se hace es porque no queda otra opción, lo cual lo hace todo bastante emocionante (no penséis que soy una psicópata, por favor, solo me gusta la biología).

De todas maneras, si una epidemia tiene las características ideales (las que he mencionado antes), es muy complicado que se llegue a controlar; ni que se hubiera hecho a idea, vaya. Y desde luego, el interés que se ponga en ella es directamente proporcional al número de personas occidentales que haya infectadas. Es una pena, pero normalmente se cierran los ojos a las cosas que no nos afectan: el hecho de que no lo veamos a diario en los medios no quiere decir que no haya epidemias graves actualmente.


Un caso real: epidemia de ébola 

Creo que de la epidemia de ébola que tuvo lugar hace unos pocos años nos acordamos todos. Creo que es imposible no hacerlo: estaba todos los días en el telediario, haciendo recuento de muertos e infectados. El miedo llegó incluso a nosotros, recuerdo una amiga que viajó a Madrid esos días y que iba cagada, nos decía que no iba a agarrarse a las barras del tranvía y que se estaba planteando llevar mascarilla. Pero ¿qué pasó realmente? Y ¿cómo se gestionó?



La epidemia de ébola empezó a finales de 2014 en Guinea. Anteriomente ya había habido casos de ébola en esas regiones de África, aunque en ese momento no había (es un virus reemergente, que va apareciendo después de un tiempo en el que no hay infecciones). Se cree que el paciente 0 fue un niño pequeño que seguramente se contagió por un murciélago (estos animales portan la enfermedad). El niño tuvo síntomas de diarrea negra, fiebre y vómitos, y murió tan solo cuatro días más tarde. Sin embargo, en los siguientes días murieron con síntomas parecidos su madre, su abuela y su madre (seguramente las que le habían estado cuidando).

A partir de entonces empezaron a contagiarse más personas, pero cuando se dieron cuenta de lo que podía estar pasando, el ébola se había extendido a más poblaciones, incluida la capital del país. Para que os hagáis una idea de lo lento que va al comienzo, en tres meses se calculaban 70 fallecidos de un total de 112 infectados. Para entonces empezaban a darse casos también en Sierra Leona, país vecino a Guinea.

Regiones de África afectadas por el brote. 

El ébola tuvo facilidades para extenderse por estas regiones de África porque hay mucha pobreza, y por eso mismo, hay poca higiene (en muchos barrios ni siquiera hay agua corriente). Además, se trata de una enfermedad que aparte de síntomas "normales y corrientes" (como fiebre, dolor, cefalea, fatiga...) causa también sangrados. Estos empiezan más o menos después una semana después de notar los primeros síntomas y suelen matar al paciente. 

Hay que tener en cuenta que el ébola no se contagia por el aire, tiene que ser por contacto con los fluidos corporales de la persona. Esto podría dificultar la infección, pero como causa hemorragias, el enfermo muere en un charco de sangre, que como es lógico, contagia y mucho. Así que los enfermos pueden llegar a ser muy contagiosos y los cadáveres también. Si además hacemos ceremonias funerarias que implican contacto, como es el caso, imaginad el panorama.

Más adelante, el virus llegó a Liberia. Tras unos pocos casos, los dirigentes del país tomaron medidas drásticas: cerraron fronteras (en los pocos puntos que quedaron abiertos se pusieron centros de detección), se prohibieron los partidos de fútbol, cerraron colegios y universidades e incluso se llegaron a poner en cuarentena las zonas más afectadas. El país se llegó a declarar al borde del colapso: no había suficientes médicos ni medios, y la epidemia llegó a interferir con la política del país.

Tropas colaborando contra la epidemia.

Otro país contagiado fue Sierra Leona, donde también cerraron fronteras e incluso desplegaron a las tropas del país para poner regiones en cuarentena. En este país se aprobaron leyes que castigaban a las personas que pudieran estar infectadas y se escondieran o huyeran (para que no fueran un peligro). También se impuso un toque de queda: la gente no podía salir de sus casas y mientras, había personas que se dedicaban a informar sobre la enfermedad en todos los hogares. 

Los países limítrofes, por su parte, cerraron fronteras e impidieron el paso de personas a los sitios infectados, aunque se dieron casos en varios más, debidos a viajes que había realizado la gente. Como he dicho antes, es muy difícil llegar a controlar efectivamente a masas tan grandes de gente y menos en países con pocos medios. 

El ébola llegó a infectar a más de 28.000 personas, y algunas de ellas eran misioneros o ciudadanos de países occidentales cuyos gobiernos quisieron repatriar para que tuvieran más posibilidades de curarse. En sus países de origen, hubo gente de los hospitales que se contagiaron de ellos. Esto ocurrió en Estados Unidos y también en España, donde seguramente recordaréis que hubo mucha polémica por el tema de la repatriación de un misionero anciano, de la auxiliar que se infectó, del perro al que se sacrificó y de si los hospitales estaban o no preparados para ello. Yo recuerdo que no se dejaba de hablar de ello y se discutía si había que repatriar a la gente o no, un tema polémico.

Ejemplo de las precauciones que hay que tomar para trasladar a un enfermo. Foto de Ecuavisa.


Desde todo el mundo se mandó ayuda para combatir la epidemia de ébola, hubo mucha concienciación, y con el tiempo, gracias a las medidas adoptadas y a la ayuda de la gente que había superado la enfermedad (por tanto, inmunizados), la cifra de infectados empezó a bajar. También se usaron tratamientos experimentales aquí, como sueros de personas que habían sobrevivido o antivirales nuevos. Evidentemente, durante el tiempo que las noticias de la epidemia se oían por todo el mundo se investigó un montón y se pudo avanzar en el conocimiento de la enfermedad.

Pero como siempre, cuando el número de infectados comenzó a bajar y el peligro de que la enfermedad llegara a Occidente se hizo 0, nos olvidamos. El brote oficial duró dos años, de 2014 a 2016, pero para nosotros fue bastante más corto. No sabemos cuándo puede haber otra epidemia de este tipo pero el ébola nos enseñó bastantes cosas:
  • Que es muy difícil controlar este tipo de epidemias, más si hablamos de países subdesarrollados. 
  • Que no estamos preparados para hacerle frente eficazmente: si en los países occidentales se llegó a contagiar personal del hospital es que muy bien montado no estaba. 
  • Que cuando más nos preocuparemos será solo cuando nos pueda afectar (y no es tan difícil que ocurra). 
  • Y que incluso una posibilidad remota de contagio puede hacer que cunda el pánico (sobre todo si estamos hablando de una muerte tan horrible). 

*Técnicamente no sería imposible, pero se necesitaría mucho dinero, tiempo de desarrollo de productos y mucha investigación. 



Y bueno, hasta aquí la entrada de hoy. Un poco larga pero supongo que ha merecido la pena (al menos para mí, sí). Para cualquier duda, podéis dejarme un comentario, y también estoy encantada de leer opiniones y sugerencias. Y si os ha gustado o ayudado, os agradecería mucho que compartierais por las redes o me invitarais a un cafecillo virtual.


Raquel Alonso Román

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